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El
taller de mantenimiento de aviones, es la "Joya de la Corona" del
Real Aeroclub de Gran Canaria. Es sabido de antemano, la amabilidad del canario
para con los demás, pero en los dominios del taller, sólo y
exclusivamente, el avión recibe más atenciones que tú,
se le mima más. Atendidos por técnicos de mantenimiento altamente
cualificados, hacen posible esa realidad, de tener los aviones siempre a punto,
en perfecto estado, y que infundan una infinita tranquilidad al verlos, al
volarlos. ¡ Se recrea uno en ellos !
Es
inimaginable la confianza que siente uno, cuando pilota cualquiera de esos
pequeños aviones. Esos pequeños diablillos a los cuales cada
cierto tiempo, cuando está listo para revisión, ( lo desnudan
por completo, le hurgan en sus entrañas milímetro a milímetro,
concienzudamente, para que nada quede atrás).
Yo
mismo, he visto con qué mimo lo tratan, con qué profesionalidad
"Auscultan" cada una de sus piezas sin dejar nada al aire, con exquisito
mimo, como si de órganos humanos se tratase.
Cuando
entras en un taller, cuando ves su limpieza, cuando encuentras cualquier herramienta
porque cada cosa está en su sitio, cuando hay un orden exquisito, ya
te está diciendo de las personas que en él, trabajan. Por consiguiente
merece una valoración muy, pero muy positiva de sus profesionales.
El
Real Aeroclub Gran Canaria es un aeroclub con un índice bajísimo
de accidentes, por no aventurarme a decir nulo, que sería aventurarme
poco. En definitiva una garantía y un prestigio para nuestro aeródromo.
La
eficacia de nuestro taller de mantenimiento, es de sobra conocida, lo avalan
la experiencia de años de trabajo, y de aeroclubs, y propietarios de
aviones que confían en su seriedad, garantía, y saber hacer.
Sentir la satisfacción del trabajo bien realizado, y el orgullo , de
ser los verdaderos artífices de que el material aéreo, siempre
esté en perfectas condiciones, además de recibir esos elogios
de reconocimiento, que a todos nos agradan.
Me
comentaba un canarión socarrón de esos que gustan de chanzas...
me decía el hombre, que cuando ya estaba en pleno vuelo, sus pensamientos
volaban hacia esos benditos mecánicos de nuestro aeroclub, para sentirse
a gusto mientras durase el vuelo y también hacia un par de mozas de
quince, bien puestas de mollejas. Los pensamientos del "cristiano"
no generaban ninguna duda. La elección era evidente. A un buen mecánico,
se le puede sacar mucho partido. Las mollejas, con una buena digestión
se disuelven. ¡Moraleja !
Vaya
pues, todo nuestro reconocimiento al taller de mantenimiento de aviones, por
la labor desarrollada durante todos estos años, por una dedicación
fuera de límites. ¡ Enhorabuena a todos !

